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[CAJON] FIB: El festival que surgió del Bierzo

FIB: El festival que surgió del Bierzo

Dos bercianos son los creadores y responsables del Festival Internacional de Benicàssim, eldecano, de mayor prestigio y tirón de los que se celebran en España. Este verano (17 al 20 de julio) cumplirán catorce ediciones de éxito en las que han visto y vivido de todo.
PACHO RODRÍGUEZ
Grandes actuaciones y enormes artistas encantados hasta con la mítica piscina del backstage. Diario de León se adentra en la historia y el presente de esta cita inexcusable. Y conoce las anécdotas confesables del FIB. ¿O es que han visto muchas veces a Amy Whinehouse jugando a las cartas desplumando a sus músicos?

El FIB es el festival que surgió del Bierzo. De San Facundo (Torre del Bierzo), para ser exactos, a Benicàssim en un vuelo pop directo pilotado por los hermanos Morán. De la pequeña localidad berciana son Miguel y José Morán, entonces dos entusiastas de la música y, después, pioneros, emprendedores y empresarios de una marca que ha situado a la localidad castellonense en el top ten de la música moderna europea. Podría decirse que Miguel y José Morán son dos estrellas del pop que han alcanzado el éxito gracias a un festival que ahora funciona como una máquina perfecta. Con mucho trabajo, eso sí, desde las oficinas de Callao, en Madrid, en donde, durante todo el año, se cuece lo que van a ser los cuatro días más jugosos del verano festivalero. Su gestión se basa en la verdad. El FIB Heineken, Festival Internacional de Benicàssim, pese a su envergadura, trascendencia e influencia más allá de España y de la música, no necesita de la artificialidad que ahora practican otros. Cabría pensar que sin un milímetro cuadrado de publicidad también sería un éxito. Pero se perdería un factor, en el que estos dos leoneses son auténticos magos, que consiste en cómo engrasar y calentar motores para que el público, los auténticos fibers, esperen la cita con la ansiedad de ser parte imprescindible de un evento que cumplirá su décimocuarta edición con una salud musical y artística excelente.

Todo empezó cuando Miguel y José Morán, junto al también berciano Luis Calvo (propietario de la discográfica Elefant Records) y otro activista independiente, Joako Ezpeleta, decidieron pasar a la acción. Los conciertos a los que iban estaban bien, pero veían que podrían estar mejor y que en España no había un formato de festival con el pop y la imaginación como banderas. Los había de otras naturalezas artísticas y existía el Sonar catalán, entonces más limitado a la electrónica, y que junto con el FIB, es el verdadero orgullo patrio y punta de lanza de la marabunta que ahora se vive en materia de festivales, donde resulta que ahora hay mucho ruido y pocas nueces. Por el medio, los hermanos Morán también tenían un local en Madrid, el Maravillas, en San Vicente Ferrer, que convirtieron en templo y lugar de peregrinación de la escena indie.

Un viernes, 4 de agosto del lejano 1995, el FIB abrió sus puertas. Tocaban The Charlatans, Ride, Los Planetas¿ En realidad, lo que se abrió ese día fueron las puertas de la historia reciente del pop español e internacional. Este 2008 llega con un impensable empuje después de tantos años. En la oficina de Callao se trabaja a destajo para que todo esté a punto. Miguel Morán ejerce de viajero de la dirección del festival y casi pasa más tiempo en Benicàssim que en ningún otro sitio. Tiene un hijo, que sí consigue que, pase lo que pase, esté con él lo suyo. Su hermano Jose, ya sin acento, está casado. Aborda desde la central de Maraworld, nombre de la empresa que gestiona todo, un sinfín de asuntos. Está en mil temas. Hace un hueco imposible para atender a Diario de León. Habla uno, pero representa a los dos. Sin fisuras. En eso también son ejemplares.

La cosa ha crecido tanto que este año por los escenarios del FIB Heineken, denominación actual, pasarán nombres de la talla de Leonard Cohen, Enrique Morente y Lagartija Nick, Morrissey, Gnarls Barkley, Tricky, My Bloody Valentine, Mika, Babishambles¿ y así hasta unos cien artistas ya anunciados dentro de una completa programación de arte, cortos, moda, teatro, danza o cursos, en una oportunidad única para respirar y empaparse de la cultura actual de vanguardia.

José Morán hace de portavoz de este invento bicéfalo y fraternal, que tantas satisfacciones ha deparado a los amantes de la buena música. Después de catorce años sólo hace falta mirar el cartel para obviar la pregunta de si tanto tiempo desgasta. Pasemos a la segunda:

-De aquel primer año, con The Charlatans, Los Planetas¿, ¿qué recuerdos tiene del formidable lío en el que empezaban a embarcarse? ¿Recuerda la primera firma del primer contrato?

-No. No recuerdo cuál fue el primer grupo que confirmamos. Pero sí el momento de abrir las puertas. Que fue con mucha presión, emocionante y con un poco de sufrimiento. Éramos cuatro tíos con muchas ganas y poca experiencia.

-Como ustedes fueron pioneros en esto, ¿les costó mucho convencer a marcas o entidades para explicar, que lo entendieran y que se implicaran en el proyecto?

-El que da primero se lleva lo suyo pero también el trabajo de abrir mercado. Benicàssim ha significado la expansión de un sector inexistente. Hubo que abrir mercado con los sponsors, con los grupos, con los agentes, con la gente que organizaba conciertos sólo en Madrid, Barcelona y Valencia. Incluso hubo que hacer un trabajo conjunto en el aspecto técnico, para que las empresas de luz, sonido o de escenario se renovasen para ofrecer mejores productos. También hubo que convencer a la prensa. Nos llevamos la gloria y hemos podido abrir camino. La pena es que haya llegado gente que sin un camino serio quieran estar a la misma altura que nosotros o el Sonar, por ejemplo.

-Cuanto más se acerca la fecha, ¿a partir de qué día es mejor no hacerle una llamada de cortesía para preguntarle qué tal va la cosa?

-Hay dos fases. El mes de junio, aunque no lo parezca, es casi más complicado. Hay que ajustar todas las áreas. Es el momento de unificar. El mes del festival hay muchísimo trabajo, pero ya está todo más delimitado. Aunque el ritmo de trabajo es un poco loco. 13 ó 14 horas al día. Pero ya estamos acostumbrados a esa presión y un tenemos un gran equipo de trabajo en el que se puede confiar.

-¿Con qué artistas míticos ha tenido la agradable sensación de encontrar personas normales?

-En general, la gente que hace música son buenas personas. Podrán ser más egocéntricos o menos, pero tienen una actitud abierta hacia los demás. Otra cosa es acercarse como fan para hacerse fotos. Nuestra relación con ellos es esporádica. Estamos todos trabajando y el contacto es breve y frágil como para entablar una amistad. En estos años sí podría decirte que con The Chemical Brothers puede que haya un contacto mayor, pero lo normal es que se quede en la relación emocional de haber trabajado juntos.

Ustedes podrían escribir un libro de anécdotas inconfesables de los grupos que han pasado por el FIB¿

Tratamos de no airear esos aspectos¿ También es nuestro trabajo ser discretos. Hay momentos de tensión y otros graciosos. Fíjate que hay artistas que igual llevan cuatro meses sin pisar su casa, porque están de gira. Pasas páginas y ya está. Hay cosas, sí, como el top less de Pj Harvey en el 98 o los padres de Robert Smith sentados a pie de escenario. O Morrissey negándose a que hubiera olor a carne en el backstage. O Amy Whinehouse jugando a las cartas desplumando a sus músicos¿ Son chorraditas, cosas bonitas o entrañables que han pasado todos estos años.

-Por cierto, ¿qué opinión tiene de todo lo que rodea a Amy Whinehouse? ¿Todo ese lío no es malo para la música?

-Sí, pero es algo que ocurre en toda la sociedad. No soy quién para juzgar. Lo que es evidente es que ella tiene un problema grave que debe solucionar. Todo el mundo tiene que saber elegir. De todas formas, ella, musicalmente, me parece brutal.

-Si hay algo que tiene fama es la mítica piscina de los artistas. ¿Hay tan buen rollo como se dice?

-Lo que es mítico es que haya una gran piscina en el backstage. A la gente le resulta curioso. Hace años cuando llamábamos a alguien decía: ¡Ah, Benicassim! ¡La piscina!

-Hablando de esta edición de 2008, ¿en dónde cree que está el equilibrio del cartel?

-Creo que está en la coherencia de una cartel que tiene nuevas bandas, nuevos artistas, los de máxima actualidad y que también acoge a otros que han sido y son influencia y tienen todavía cosas que decir. Ahí cabe casi todo. Leonard Cohen, por ejemplo. Como ahora competimos también con España, hay un buen ramillete de segundas opciones que, en realidad, son artistas de primera.

-Además de Cohen, la presencia de Morente es digna de elogio. ¿Qué cree que va a suponer su presencia? -El disco Omega , para todos los amantes de la música, ha sido muy importante. Fue uno de los discos más interesantes y curiosos de los noventa. Va a ser un show muy especial. Por supuesto, con Lagartija Nick, pero también con otros músicos y con su hija Estrella.

-También hay más grupos españoles. ¿Se atreve a hacer un diagnóstico de la situación musical actual? ¿Hay algo que le emocione?

-Creo que en España está comenzando a nacer una nueva escena. Con grupos con más actitud en el escenario y que cuidan el concepto de show visual. A finales de los noventa, se vendía lo contrario. También hay ya una mayor tendencia a cantar en español. La Casa Azul, El Hijo, El Columpio Asesino, Virus, Krakovia¿ Pienso que de aquí a cuatro o cinco años saldrán grandes grupos.

-Respecto a los festivales, ¿esto es una plaga de topillos o una fructífera abundancia?

-Yo creo que obedece a una costumbre que no sé si es propia de España o también pasa en otros sitios. Hay gente que intenta subirse al carro sin desarrollar ideas y termina cayendo en la imitación. Nosotros ofrecemos veinte cosas más. Lo que pasa es que sí que se confunde un poco al público.

-¿Por qué Benicàssim?

-Fue una casualidad. Buscábamos un lugar costero. Unos amigos, también de León, vivían en Benicàssim y nos contactaron con un concejal que recibió la idea y nos abrió la puerta. No teníamos ni estudio de mercado, ni geográfico, ni nada. Éramos demasiado jóvenes e inexpertos.

-¿Cómo fue el aterrizaje de los hermanos Morán en Madrid con la sala Maravillas? ¿De dónde provenían entonces? ¿No tenían tentaciones musicales?

-Yo sí. Tocaba la batería. Yo fui a Madrid a aprender a tocar, pero éramos mediocres¿ Me dio, eso sí, una visión especial. Miguel ya vivía allí. Al entrar en contacto con Luis Calvo fue cuando empezamos a pensar en crear un club que acogiera música en directo y que diera cabida a la música que nos gustaba.

-¿Y esa B de FIB nunca querrá decir Bierzo, por ejemplo?

-León se merecería un gran festival. Pero se depende en gran medida de las instituciones. Se ve que ningún político ha visto la idea. Nosotros tampoco nos lo hemos planteado.


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Publicado por VRedondoF para CAJON el 7/13/2008 07:18:00 PM